Toda aventura tiene un final.
Parte 1. El proyecto. Enlace
Parte 2. Dual. Enlace
Parte 3. Wake up. Enlace
Hasta ¿siempre?
lunes 6 de julio de 2009
Desenlace (3 de 3): Wake up
M: Ni lo sueñes. ¿Eric? ¿Y qué pasa conmigo? Somos uno, y Eric sólo es mi polo opuesto. ¿Quién eres tú? ¿Quién es el protagonista de todo esto?
E: Supongo que el resultado de todo.
M: ¿Y cuál es el resultado? … Ya te contesto yo. Un tal Adam. Adam Stevenson. El nombre que aparece en el registro para referirse a ti. O a mí. Un joven con su propia vida, con su propio dilema interno, con reacciones de Eric y reacciones de Marvin. Con bondad y malicia. Soñador y realista. Con cambios de humor. Un tipo real, nada de imaginaciones, nada de estereotipos. ¿Eric? ¿Marvin? Sólo estamos en la mente de este chico. Simplemente, no existimos.
E: ¿No existimos? Lo que hay que oír. Bueno, y ahora que he descubierto a Marvin, ¿desaparecerá? ¿Se convertirá Adam en Eric?
M: No —dice Marvin mientras me coge la mano—. En primer lugar, no estaría aquí si no me quisieras. Seguiré viviendo mi vida mientras duermes, para intentar equilibrar tu mundo, pero si intentas jugármela, si te encadenas a la cama por las noches o tomas dosis masivas de pastillas para dormir y no dejarme actuar, pensar libremente, seré tu enemigo. Y me las pagarás.
E: No son más que chorradas. Estoy soñando. Marvin es una proyección. Es un trastorno disociativo de la personalidad. Un estado de fuga psicogénica. Marvin es una alucinación.
M: ¡Y una mierda! —dice Marvin—. Tal vez seas tú mi alucinación esquizofrénica.
E: Yo estaba aquí primero.
M: Sí, sí, sí, veremos quién se quedará aquí el último —dice Marvin.
E: Esto no es real. Es un sueño y me despertaré.
M: Pues despiértate.
Y entonces el teléfono suena y Marvin ha desaparecido. El sol se filtra por las cortinas.
Es el servicio de despertador telefónico que pedí para las siete de la mañana, y cuando levanto el auricular, la línea se ha cortado. Me levanto aceleradamente y empiezo a revolver todo en busca de mi partida de nacimiento. ¿Adam? ¿Es un sueño o soy realmente Adam?
Mientras busco, sólo sé que Marvin ha desaparecido y… ni siquiera sé si volverá algún día.
¿Qué me queda? Creo que sólo me queda saber quién soy verdaderamente, y para qué estoy aquí. Nada, sólo asuntos banales, claro.
E: Supongo que el resultado de todo.
M: ¿Y cuál es el resultado? … Ya te contesto yo. Un tal Adam. Adam Stevenson. El nombre que aparece en el registro para referirse a ti. O a mí. Un joven con su propia vida, con su propio dilema interno, con reacciones de Eric y reacciones de Marvin. Con bondad y malicia. Soñador y realista. Con cambios de humor. Un tipo real, nada de imaginaciones, nada de estereotipos. ¿Eric? ¿Marvin? Sólo estamos en la mente de este chico. Simplemente, no existimos.
E: ¿No existimos? Lo que hay que oír. Bueno, y ahora que he descubierto a Marvin, ¿desaparecerá? ¿Se convertirá Adam en Eric?
M: No —dice Marvin mientras me coge la mano—. En primer lugar, no estaría aquí si no me quisieras. Seguiré viviendo mi vida mientras duermes, para intentar equilibrar tu mundo, pero si intentas jugármela, si te encadenas a la cama por las noches o tomas dosis masivas de pastillas para dormir y no dejarme actuar, pensar libremente, seré tu enemigo. Y me las pagarás.
E: No son más que chorradas. Estoy soñando. Marvin es una proyección. Es un trastorno disociativo de la personalidad. Un estado de fuga psicogénica. Marvin es una alucinación.
M: ¡Y una mierda! —dice Marvin—. Tal vez seas tú mi alucinación esquizofrénica.
E: Yo estaba aquí primero.
M: Sí, sí, sí, veremos quién se quedará aquí el último —dice Marvin.
E: Esto no es real. Es un sueño y me despertaré.
M: Pues despiértate.
Y entonces el teléfono suena y Marvin ha desaparecido. El sol se filtra por las cortinas.
Es el servicio de despertador telefónico que pedí para las siete de la mañana, y cuando levanto el auricular, la línea se ha cortado. Me levanto aceleradamente y empiezo a revolver todo en busca de mi partida de nacimiento. ¿Adam? ¿Es un sueño o soy realmente Adam?
Mientras busco, sólo sé que Marvin ha desaparecido y… ni siquiera sé si volverá algún día.
¿Qué me queda? Creo que sólo me queda saber quién soy verdaderamente, y para qué estoy aquí. Nada, sólo asuntos banales, claro.
domingo 5 de julio de 2009
Desenlace (2 de 3): Dual
Marvin: Ya no hay un tú y un yo –me dice pellizcándome la punta de la nariz-. Creo que ya te has dado cuenta.
Eric: Utilizamos el mismo cuerpo pero en momentos distintos.
M: Organizamos una misión. Les dijimos: “Queremos equilibrar el mundo; queremos que no sea demasiado jubiloso ni demasiado triste”.
E: No estoy soñando.
M: Sí. Estás soñando.
Marvin me cuenta sus pensamientos, sus ganas de destrozar; pero sin embargo, no sé cómo, yo ya lo sé. Aún así, insiste hasta que toda mi persona queda impregnada de sus ideales.
Arrodillado junto al sofá, me dice:
M: Cierra los ojos y dame la mano.
Cierro los ojos y Marvin me coge la mano. Siento sus labios sobre mi frente, y sigue hablando:
M: Te dije que si hablabas de mí a mis espaldas nunca me volverías a ver. No somos dos hombres distintos; cuando estás despierto tienes el control y te puedes llamar como quieras, pero en cuanto te duermes, soy yo quien manda y tú te conviertes en Marvin.
E: Pero si hemos tenido una vida juntos, e incluso nos hemos peleado a raíz de todas nuestras diferencias.
M: En realidad, no luchabas contra mí —dice Marvin—. Te lo dijiste a ti mismo. Luchabas contra todas las cosas que odias en la vida.
E: Pero si te veo.
M: Estás dormido.
E: Pero si tienes tu vida. Tu coche. Tu trabajo. Tus ideas.
M: Pídele al banco tus cheques cancelados. Comprobarás que la caligrafía en tus recibos del alquiler coincide con las de las notas que me has mecanografiado.
Marvin ha estado gastando mi dinero. No me extraña que siempre esté en números rojos.
M: En cuanto a mis ideas… ¿por qué te crees que estás tan confuso? Te duermes, me adueño de ti y me voy a cualquier sitio. A cualquier parte donde haya unas ideas distintas, que te cansen, que te generen dudas, que te abrumen, que te hagan pensar.
E: ¿Y qué pasa con Claire?- le pregunto.
M: Claire te quiere, como la hermana tuya que es. Claire no conoce la diferencia entre tú y yo. Sólo tú has pensado que alguna vez hemos estado juntos con ella, pero ella sólo ha visto a una persona. Nunca has dado tu nombre verdadero a nadie, embustero de mierda. Siempre a la sombra.
E: Soy Eric.
M: Ni lo sueñes. ¿Eric?...
* Varios fragmentos son una adaptación de "El Club de Lucha" (Chuck Palahniuk)
Eric: Utilizamos el mismo cuerpo pero en momentos distintos.
M: Organizamos una misión. Les dijimos: “Queremos equilibrar el mundo; queremos que no sea demasiado jubiloso ni demasiado triste”.
E: No estoy soñando.
M: Sí. Estás soñando.
Marvin me cuenta sus pensamientos, sus ganas de destrozar; pero sin embargo, no sé cómo, yo ya lo sé. Aún así, insiste hasta que toda mi persona queda impregnada de sus ideales.
Arrodillado junto al sofá, me dice:
M: Cierra los ojos y dame la mano.
Cierro los ojos y Marvin me coge la mano. Siento sus labios sobre mi frente, y sigue hablando:
M: Te dije que si hablabas de mí a mis espaldas nunca me volverías a ver. No somos dos hombres distintos; cuando estás despierto tienes el control y te puedes llamar como quieras, pero en cuanto te duermes, soy yo quien manda y tú te conviertes en Marvin.
E: Pero si hemos tenido una vida juntos, e incluso nos hemos peleado a raíz de todas nuestras diferencias.
M: En realidad, no luchabas contra mí —dice Marvin—. Te lo dijiste a ti mismo. Luchabas contra todas las cosas que odias en la vida.
E: Pero si te veo.
M: Estás dormido.
E: Pero si tienes tu vida. Tu coche. Tu trabajo. Tus ideas.
M: Pídele al banco tus cheques cancelados. Comprobarás que la caligrafía en tus recibos del alquiler coincide con las de las notas que me has mecanografiado.
Marvin ha estado gastando mi dinero. No me extraña que siempre esté en números rojos.
M: En cuanto a mis ideas… ¿por qué te crees que estás tan confuso? Te duermes, me adueño de ti y me voy a cualquier sitio. A cualquier parte donde haya unas ideas distintas, que te cansen, que te generen dudas, que te abrumen, que te hagan pensar.
E: ¿Y qué pasa con Claire?- le pregunto.
M: Claire te quiere, como la hermana tuya que es. Claire no conoce la diferencia entre tú y yo. Sólo tú has pensado que alguna vez hemos estado juntos con ella, pero ella sólo ha visto a una persona. Nunca has dado tu nombre verdadero a nadie, embustero de mierda. Siempre a la sombra.
E: Soy Eric.
M: Ni lo sueñes. ¿Eric?...
* Varios fragmentos son una adaptación de "El Club de Lucha" (Chuck Palahniuk)
viernes 3 de julio de 2009
Desenlace (1 de 3): El proyecto
Al llegar a la puerta de aquella agencia, una amable recepcionista me hizo pasar a una enorme y acogedora sala de espera. El jefazo, como le llamaba Marvin, me recibiría en unos minutos, y sería allí donde yo debería convencerle con nuestro plan. Marvin, a pesar de ser co-fundador de esta idea, no podía estar allí hoy, si bien yo pedí que aceptaran la visita de mi compañero dos días después.
Una vez dentro, fui repasando uno por uno todos los puntos en los que se centraba nuestra teoría para conseguir el equilibrio mundial. No más desorden, no más guerra, no más desigualdad. Marvin y yo jugábamos a ser Dios, y este plan era sólo la confirmación de todo aquello, la confirmación de que realmente nos lo creíamos, de que realmente pensábamos poder cambiar el mundo.
Dos largas horas después, aquel alto dirigente seguía en las nubes, siendo completamente escéptico ante mis palabras. Aún así, aceptó que Marvin acudiera a verle dos días después, a exponerle nuevas ideas y nuevos motivos para que aceptara su proyecto. El propósito de su visita, por tanto, sería el mismo. Yo lo consideraba una oportunidad más, y por ello ignoré completamente la advertencia de Marvin de que no le hablara al jefazo de él, por lo que pudiera pasar.
Tras preparar juntos nuevos argumentos, llegó el día de la segunda cita. Marvin estaba nervioso, y esta vez sería yo el que me quedaría en casa. Él no quería bajo ningún concepto que yo le acompañara, si bien insistí repetidas veces. Finalmente, él consiguió que me quedara tranquilo, en casa, sin pensar en nada, mientras él se encargaba de todo. Aún no sé cómo, pero me quedé dormido mientras él se dirigía a aquella entrevista que sería el principio del final.
Horas después, oí la puerta de casa abrirse y desperté de mi profundo sueño. Era Marvin. Venía con cara de pocos amigos, y mientras se encerraba en el baño, gritaba que no me acercara a él si no quería arrepentirme. Quería estar solo y así lo hizo. No sería yo el que se lo impidiera.
Sin embargo, no podría vivir con la duda de lo que habría pasado en la entrevista, y puse rumbo a las oficinas de donde Marvin venía. Nada más verme, la recepcionista parecía sorprendida, pero muy poco si lo comparamos con la cara que se le quedó al jefazo cuando me vio cruzar la puerta de su despacho. Fui a pedirle explicaciones. No sé cómo, pero sabía que él había desechado nuestro proyecto. Marvin no me lo dijo, pero yo lo sabía. Sentía que no podía controlarme, sentía ira, tenía ganas de acabar con él, y con todo lo que le pudiera hacerle feliz.
A duras penas, me conseguí contener, mientras por su boca salían disparates e insultos hacia mi persona. Ya ni siquiera vocalizaba, pero le entendí cómo me llamaba embustero, cómo me preguntaba si tenía alucinaciones, cómo hablaba de mis supuestos amigos invisibles… Nunca hasta este momento había entendido por qué Marvin le llamaba jefazo, pero pronto me di cuenta de que su apodo era tan despectivo como él mismo.
Después de momentos tensos, volví a casa. Marvin estaba sentado en el sofá. Nada más llegar, se levantó para que yo me tumbara, y sin mediar palabra, me trajo algo para comer de la cocina, mientras yo me acomodaba en el sofá. Cuando me disponía a preguntarle algo con aire trascendental, él me cortó:
Marvin: Ya no hay un tú y un yo –me dice pellizcándome la punta de la nariz-. Creo que ya te has dado cuenta.
Una vez dentro, fui repasando uno por uno todos los puntos en los que se centraba nuestra teoría para conseguir el equilibrio mundial. No más desorden, no más guerra, no más desigualdad. Marvin y yo jugábamos a ser Dios, y este plan era sólo la confirmación de todo aquello, la confirmación de que realmente nos lo creíamos, de que realmente pensábamos poder cambiar el mundo.
Dos largas horas después, aquel alto dirigente seguía en las nubes, siendo completamente escéptico ante mis palabras. Aún así, aceptó que Marvin acudiera a verle dos días después, a exponerle nuevas ideas y nuevos motivos para que aceptara su proyecto. El propósito de su visita, por tanto, sería el mismo. Yo lo consideraba una oportunidad más, y por ello ignoré completamente la advertencia de Marvin de que no le hablara al jefazo de él, por lo que pudiera pasar.
Tras preparar juntos nuevos argumentos, llegó el día de la segunda cita. Marvin estaba nervioso, y esta vez sería yo el que me quedaría en casa. Él no quería bajo ningún concepto que yo le acompañara, si bien insistí repetidas veces. Finalmente, él consiguió que me quedara tranquilo, en casa, sin pensar en nada, mientras él se encargaba de todo. Aún no sé cómo, pero me quedé dormido mientras él se dirigía a aquella entrevista que sería el principio del final.
Horas después, oí la puerta de casa abrirse y desperté de mi profundo sueño. Era Marvin. Venía con cara de pocos amigos, y mientras se encerraba en el baño, gritaba que no me acercara a él si no quería arrepentirme. Quería estar solo y así lo hizo. No sería yo el que se lo impidiera.
Sin embargo, no podría vivir con la duda de lo que habría pasado en la entrevista, y puse rumbo a las oficinas de donde Marvin venía. Nada más verme, la recepcionista parecía sorprendida, pero muy poco si lo comparamos con la cara que se le quedó al jefazo cuando me vio cruzar la puerta de su despacho. Fui a pedirle explicaciones. No sé cómo, pero sabía que él había desechado nuestro proyecto. Marvin no me lo dijo, pero yo lo sabía. Sentía que no podía controlarme, sentía ira, tenía ganas de acabar con él, y con todo lo que le pudiera hacerle feliz.
A duras penas, me conseguí contener, mientras por su boca salían disparates e insultos hacia mi persona. Ya ni siquiera vocalizaba, pero le entendí cómo me llamaba embustero, cómo me preguntaba si tenía alucinaciones, cómo hablaba de mis supuestos amigos invisibles… Nunca hasta este momento había entendido por qué Marvin le llamaba jefazo, pero pronto me di cuenta de que su apodo era tan despectivo como él mismo.
Después de momentos tensos, volví a casa. Marvin estaba sentado en el sofá. Nada más llegar, se levantó para que yo me tumbara, y sin mediar palabra, me trajo algo para comer de la cocina, mientras yo me acomodaba en el sofá. Cuando me disponía a preguntarle algo con aire trascendental, él me cortó:
Marvin: Ya no hay un tú y un yo –me dice pellizcándome la punta de la nariz-. Creo que ya te has dado cuenta.
lunes 1 de junio de 2009
Sigue la luz
Entró en aquella habitación oscura, con la única luz que había enfocando una mesa sobre la que había un cuadernillo. Después de dar tres pasos hacia el interior, Eric sintió un portazo. Efectivamente, en una escena más propia de película de terror que de su vida, se percató de que la puerta por la que acababa de entrar estaba ahora cerrada. Dubitativo, sin saber bien qué debía hacer, se sentó en la silla y comenzó a leer:
“Test de elección de personalidad”
Con la cara arrugada, y sin tener la más mínima idea del sentido de todo aquello, empezó a responder una por una las preguntas de aquel test, que preguntaba sobre cómo quería que fuese su vida, su entorno, su persona. Y sorprendentemente, no lo tenía claro. Dudaba entre ser sincero desafortunado o hipócrita afortunado, entre ser realista u optimista, entre comprender a los demás o ser comprendido; o incluso entre vivir con alguien o para alguien.
Se fue dando cuenta, a medida que pasaba las hojas, de que no siempre está claro lo que se quiere ser. Con mayor o menor esfuerzo, continuó contestando, hasta llegar a la última pregunta:
”¿Prefieres encontrarte en tu vida con alguien por quien luchar o con alguien que luche por ti?”
Y entonces, desvió la vista del papel, miró al vacío primero, después cerró los ojos, se dejó llevar, y la pluma con la que escribía se fue al suelo, provocando un fuerte golpe contra la mesa, que retumbó en toda la habitación.
Al momento, abrió los ojos. Empapado en sudor, se vio en la cama, y pensó que todo había sido una pesadilla. Sin embargo, al encender la luz, vio sobe su mesilla una cuartilla en la que estaba escrita la pregunta. Aquello estaba allí, esperando su respuesta, era algo que debía decidir, y cuando se disponía a contestar, su sueño se tornó real, y… se quedó en blanco.
Ahora Eric gasta sus días buscando su respuesta, bailando entre la razón y la locura, tonteando con la soledad y valorando qué prefiere. ¿Y tú, qué contestas?
“Test de elección de personalidad”
Con la cara arrugada, y sin tener la más mínima idea del sentido de todo aquello, empezó a responder una por una las preguntas de aquel test, que preguntaba sobre cómo quería que fuese su vida, su entorno, su persona. Y sorprendentemente, no lo tenía claro. Dudaba entre ser sincero desafortunado o hipócrita afortunado, entre ser realista u optimista, entre comprender a los demás o ser comprendido; o incluso entre vivir con alguien o para alguien.
Se fue dando cuenta, a medida que pasaba las hojas, de que no siempre está claro lo que se quiere ser. Con mayor o menor esfuerzo, continuó contestando, hasta llegar a la última pregunta:
”¿Prefieres encontrarte en tu vida con alguien por quien luchar o con alguien que luche por ti?”
Y entonces, desvió la vista del papel, miró al vacío primero, después cerró los ojos, se dejó llevar, y la pluma con la que escribía se fue al suelo, provocando un fuerte golpe contra la mesa, que retumbó en toda la habitación.
Al momento, abrió los ojos. Empapado en sudor, se vio en la cama, y pensó que todo había sido una pesadilla. Sin embargo, al encender la luz, vio sobe su mesilla una cuartilla en la que estaba escrita la pregunta. Aquello estaba allí, esperando su respuesta, era algo que debía decidir, y cuando se disponía a contestar, su sueño se tornó real, y… se quedó en blanco.
Ahora Eric gasta sus días buscando su respuesta, bailando entre la razón y la locura, tonteando con la soledad y valorando qué prefiere. ¿Y tú, qué contestas?
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